|
Parece una moda: las amas de casa se dedican el invierno a coser trajes
medievales para todos los suyos. No ha llegado la tercera edición de la fiesta,
pero ya hay cooperativas y autónomos que se dedican a este tipo de confección, y
varias tiendas exhiben en sus escaparates conjuntos para estar guapos y guapas
en "Las Bodas de Isabel". Las ventas de telas ya alcanzan niveles impensables, y
el peliagudo problema de qué ponerse en los pies, lo resuelve una cooperativa
agrícola. Vende un rústico calzado, que da el pego y es barato, sus fabricantes
deben estar sorprendidos por el filón que han encontrado en Teruel.
El primer año, y en menor medida el segundo, vestirse de medieval en "Las
Bodas" era sentirse uno un poco raro porque todo el mundo te observa: "mira, un
pionero loco". Pero del 11 al 14 de febrero del 99, éramos unos 5.000 dando la nota
con atavíos civiles, militares y religiosos, disfrazándonos con igual entusiasmo
féminas, varones y niños.
De esta tercera edición se recordará el frío. No hay que olvidar que Teruel está a 918
metros de altitud (la mayor entre las capitales españolas), y "tocaron" los
días más gélidos de los últimos años. En plena madrugada del sábado, cuando solo
algunos valientes se arracimaban en torno a las hogueras callejeras, Teruel daba la
mínima nacional del año: - 11 grados. Y muchos de los 25.000 visitantes que acudieron al
reclamo de la fiesta no iban preparados para las bajas temperaturas.
El pacífico toro nupcial provocó dos demandas que no prosperaron: la de una asociación
de defensa de los animales (AMPBA), y la de un turista que recibió una cornada al
acercarse en exceso para hacerle una foto. Por primera vez la boda real fue suspendida por
una de pega -más espectacular que la real- al fallar los candidatos, y el Ayuntamiento
entró en la organización de unas fiestas que pasan a considerarse las segundas de la
ciudad tras La Vaquilla del Ángel (julio), desplazando a la Fiesta-Feria del Jamón
(septiembre). |