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El invierno del 97-98, la
ciudad estaba impaciente por que llegara la segunda edición de "Las Bodas".
Hacia las
Navidades se desató la "fiebre de los patrones", tras un curso de costura
medieval de la Asociación del Centro Histórico: todo el mundo iba buscando patrones,
desde modistas hasta simples amas de casa que confeccionaban atavíos para toda su
familia. Este aire pre-fiestas se completó con otras iniciativas: un ciclo de
conferencias sobre la época, del Centro de Estudios Medievales; fiestas estudiantiles
ambientadas en aquel tiempo, etc.
Cuando llegó,
las plazas hoteleras se habían agotado meses atrás, y mucha gente tenía parientes o
amigos invitados en casa ese fin de semana. Del 12 al 15 de febrero los trajes del siglo
XIII no se contaban por docenas, sino por cientos. Los novios (reales, no en la ficción)
fueron Ángel López Calomarde y Rosa Tomás Rodríguez.
Las
representaciones llegaron mejor al público, no se puede decir que hubiera megafonía
aunque ya contábamos con un micrófono, pero sobre todo aparecieron los Templarios, que
pudieron acotar los recorridos y organizar al público. El programa empezó a ganar en
contenido, un contenido cada año mayor al implicarse más colectivos o simples grupos de
amigos en la fiesta.
Pero el
esquema fundamental permanece inalterable: una boda real (si había candidatos), mercado
medieval, recreación de distintas historias ambientadas en la ciudad, y fundamentalmente
el drama de los Amantes: incluye el "pique" y pelea entre los séquitos del
novio y del pretendiente, el toro ensogado (toro nupcial), la escena de la llegada de
Diego que este año es objeto de un concurso de guiones, el encuentro de Isabel y Diego en
la plaza del Torico, y el sobrecogedor pasaje del entierro. Otras novedades: participan en
los actos invitados de otros países, y el Ayuntamiento fleta desde Valencia el "tren
de los enamorados". |