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Cuando en octubre de 1177 Alfonso II otorga, a petición de
los habitantes de la villa de Teruel, unos fueros particulares, la
configuración social de la nueva población era ya una realidad y presentaba
un desarrollo notable a tenor de los principios y normas que recoge el
Fuero para que sean cumplidos tanto por los infanzones como por los
villanos".
EL FUERO DE TERUEL
Es, pues, en El Fuero de Teruel donde aparece la mejor radiografía de lo
que debía ser la sociedad medieval turolense, primero como villa y luego, a
partir de 1347, como ciudad. En las distintas páginas del Fuero se atiende a
todos y cada uno de los pobladores y las posibles relaciones que puedan
tener. |

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Por el Fuero pasan
los privilegiados (caballeros, clero y frailes, juristas, médicos y
notarios), el común o plebe y los pobres y marginados.
De los distintos grupos
sociales que configuran la sociedad turolense, el común es el más numeroso,
agrupa a la mayor parte de la población y engloba a artesanos-comerciantes,
labradores, pastores, juglares y obreros de la villa. Por ser el grupo más
heterogéneo es, quizás, el más interesante al constituir el núcleo dinámico
y activo de la sociedad.
Este y otros motivos que
iremos mencionando, nos han llevado a fijar nuestra atención en el colectivo
de artesanos-comerciantes ; colectivo que con el avance de la Edad Media irá
exigiendo su participación en el gobierno de la ciudad basándose en sus
negocios y en el poder económico derivado de ellos.
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Una de las artesanías más
antiguas y que debió de emplear a un mayor número de profesionales fue la
relacionada con los trabajos de la piel. El consumo de los artículos que
producían era elevado sin duda por la abundancia de materia prima
proveniente del ganado y de la caza de animales silvestres. Algunos
historiadores señalan que la producción de los pellejeros rebasaba las
necesidades locales.
La primera información
que tenemos sobre este oficio nos la da el ordenamiento foral. El pellejero
se encargaba del curtido y preparado de las pieles, acostumbraba a trabajar
por encargo ya que el cliente le proporcionaba la materia prima. Sin embargo
su labor no se centraba sólo en el adobo de las pieles previo a los cueros,
debían fabricar ciertos artículos como botas para el vino o el aceite,
forros para prendas, pellizas, gorros, etc. |
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DEL FUERO DE LOS
PELLEJEROS
Mando también que si un
pellejero cambia una piel y se le
prueba, páguela como un ladrón. Pero el que elabore o
prepare mal las pieles, o las dañe de alguna manera y se le
prueba, pague doble el daño ; pero si no, por todas estas Cosas jure solo. Y si el cosido falla antes de que la piel se
rompa, el pellejero la cosa sin cobrar nada, según fuero. Y
si no quiere hacerlo, peche cinco sueldos al almotacén y al
demandante. Asimismo, si el pellejero no entrega terminada La obra establecida el día fijado, pague doble la señal,
y si no la tiene, peche cinco sueldos al demandante.
Además, el comprador que no pague al pellejero
el día fijado o no pague su obra encargada, páguele doble el importe. Pero
se debe saber que el
pellejero no debe retener nada para sí de los vientres de las pieles ni de
otros recortes porque todo es de los dueños.
El Fuero de Teruel
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Al igual que
zapateros y correeros, los pellejeros se organizan internamente en la
cofradía, dirigidos por el mayordomo y los veedores que inspeccionaban los
talleres y tiendas de los cofrades. La ubicación de las tiendas-talleres de
los pellejeros se distribuyen por toda la ciudad, hasta el Arrabal, buscando
la clientela. La tienda-taller se instala en la planta baja de la vivienda
del artesano. Del adobe de las distintas pieles obtienen :
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badana : piel curtida de carnero u oveja
-
cordobán : piel curtida de macho cabrío o cabra
-
guadamecí : cuero curtido, adornado y grabado con dibujos o relieves
-
sardón : piel de vacuno con variedad de colores (negro, blanco y colorado)”
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