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Su
papel preponderante en la vida local sobresale en todas las vertientes de la
misma y tanto el fuero como la documentación conservada ponen de manifiesto
su posición de privilegio frente a otros miembros de la colectividad,
La caballería villana turolense incrementó sus efectivos en la misma
proporción en que se incrementaba la repoblación de Teruel. Pese a la
igualdad jurídica que preconizan entre todos los vecinos, algunas de las
disposiciones de los Fueros comentados ponen de manifiesto que las
funciones desempeñadas por los propietarios de los caballos en el plano
militar eran mucho más relevantes que las del resto de los pobladores. Su
protagonismo adquiría un relieve mucho mayor en las tareas relacionadas con
la defensa del territorio y la protección de los intereses vecinales.
Además de las oportunidades de incrementar su riqueza, esta distinta
participación en las empresas guerreras del Concejo y de la defensa de los
intereses colectivos daría lugar a un paulatino proceso de diferenciación
social que conduciría a la caballería turolense a instalar claramente su
dominio en el conjunto de la sociedad local, identificándose con el propio
Concejo.
En
1225 con ocasión de su estancia en Teruel en expedición hacia Valencia,
Jaime I decidió crear una cofradía que, bajo patrocinio de San Jorge y él
mismo como primer cofrade, aglutinaba a toda la caballería local. Es
evidente que el objetivo no era otro que el de fomentar las tropas de a
caballo para la conquista de Valencia.
En
1256 el mismo Rey, declara francos y libres de todo impuesto a aquellos
habitantes de Teruel que posean caballos y armas de caballero.
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