Una
fecha muy romántica, pero donde el cielo no fue demasiado vistoso. Sólo se podría ver a
Júpiter brillando con fuerza en la dudosa frontera entre Piscis y Aries. Muy cerca, ya en
Aries, estaba Neptuno pero totalmente invisible para los turolenses de la época por su
débil brillo que ningún ojo humano ha visto jamás. Sólo la Luna, con una fase
creciente del 47% daba un toque de vistosidad aunque también de mal presagio, al estar
ocultado a la brillante estrella Aldebarán, la principal y la que marca el ojo de Tauro. |

Así se vio el cielo el 14 de febrero de 1217
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