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De orden del pueblo de Teruel y de los Gestores por él
aceptados, se hace saber que en esta Ciudad se da inicio a los solemnes
festejos, que venimos cada año celebrando, en exaltación del Amor y para
eterna memoria de sus famosos Amantes Juan Diego e Isabel.
Bienvenidos sean todos cuantos aquí llegaron, tanto a
participar, como a revivir estas solemnes fechas del pasado medieval,
conmemorando la tragedia amorosa que arrancara la vida mortal a nuestros
Amantes, para darles la celebridad y constituirlos en ejemplo a imitar
por cuantos les admiramos.
Vamos pues a resucitar entre todos, aquel pasado
glorioso, y para ello, arrancaremos de la Historia las fechas de 1212 y
1217, para que al presentarlas vivas ante todos, crean hallarse viviendo
en aquellos días, para recreo de vuestros ojos y disfrute de vuestro
corazón.
Vamos a situarnos en aquel Teruel creciente y vigoroso.
Recordemos que unos valerosos adalides la conquistaron, reanimándola con
tal esfuerzo y bravura, que, rompiendo el estrecho recinto en que la
cerraran los Beni Gazlun, al hacerla cabeza de su pequeño Emirato,
creció tres veces más de lo que era. Por haber conquistado para el
Reino, tan robusta y señera fortaleza, recibieron un Fuero que les daba
completo autogobierno para todos, sin tener más que al Rey sobre su
frente.
Aquellos si fueron años de progreso, los valientes
cristianos aumentaron la Comunidad de aldeas con sus conquistas, los
moros laboraban en los alfares y los judíos fomentaban el comercio,
llegando a ser Teruel, llave de la riqueza entre el Reino de Aragón y
las morunas tierras levantinas.
Y en esos años de esplendor y riqueza, prendió en dos
jóvenes corazones la llama sacrosanta del amor, el amor de auténticos
enamorados que nace solo mirando a la persona amada, allá donde no se
piensa más que ella en él y él en ella; no se busca el egoísmo del
propio placer, aunque llegará como fruto y consecuencia, porque el
verdadero placer es sentir que nuestro celo y cariño, hacen feliz a la
persona amada.
La historia de nuestros Amantes, se la vino pasando por
la tradición el pueblo turolense, como hermoso legado que se hereda. Y
en acta notarial nos ha quedado el bonito relato de un Cronista, que
buscando un respiro en su tarea de contar las batallas y sucesos, quiere
hablarnos de amores verdaderos y referir un hecho hace poco acontecido:
El joven Juan Diego, nieto del conquistador Garcés de
Marcilla, vive en la calle de los Ricos Hombres, donde también mora el
acaudalado Pedro Segura, que además sus caudales, posee el rico tesoro
de una hermosa hija llamada Isabel. Desde chiquillos se han visto y de
jóvenes se han enamorado, pero la ambición paterna cierra las puertas al
joven enamorado, por no ser heredero de su padre. Diego está firme en el
amor que siente y le pide a su amada le dé un plazo para buscar riquezas
en la guerra; él se va confiado y ella triste se queda.
Esperando Isabel pasan los años y de Diego noticias no
le llegan, pero sigue esperando ilusionada y en el amor la confianza
puesta; muchos donceles hay que la pretenden, pero ella los rechaza y
así cumple el plazo concedido de la espera y entonces llegó Pedro de
Azagra y el padre de Isabel, aprovechando una ocasión especial como era
aquella, la obligó a desligarse de promesas y a unirse en matrimonio al
noble Azagra. Mas celebrado el matrimonio, es Diego el que ennoblecido y
rico a Teruel llega. Hay reproches y tristes alegatos pero el amor todo
lo vence y el Amante a marcharse se decide, pero al marcharse un beso a
ella le pide y ella el beso final también le niega pues no puede una
Dama pudorosa traicionar al esposo que ya tiene, y Diego no aguantando
su desdicha, allí mismo cayó muerto de pena.
En San Pedro las pompas funerarias los Marcilla apenados
le celebran, e Isabel dolorida y pesarosa, aquel beso negado a darle
llega; se desboca el amor en aquel pecho y al corazón desgarra la
tristeza; el amor se llevó dos almas puras, dando forma a la histórica
tragedia.
El esposo narró lo sucedido y el pueblo de Teruel
emocionado, pidió enterrar sus ataúdes en la misma tierra, pues si
juntos la vida no los tuvo, siempre juntos la muerte los mantenga. Y
aquí están en el sacro mausoleo que a la vista de todos hoy se ofrece en
el mismo lugar que fenecieran.
Venid pues en sagrada romería a visitar las momias aquí
expuestas, cuantos
gozáis
los mismos sentimientos del amor que os unió en una pareja; venid para
expresar el juramento de uniros en la dicha y en la pena, y fundidos en
un ósculo santo, rezad esta plegaria con fe cierta
El amor que nos tenemos
se mantenga unido y fuerte,
e igual que al de los Amantes
lo rompa solo la muerte
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