|
No me imaginaba yo que terminaría haciendo oficios de tejedora.
Y aquí estoy...tejiendo. Tejiendo ideas, relaciones,
personajes legendarios. Tejiendo ente la urdimbre de la historia todo aquello
que puede recrear una época. Tantos y tantos datos aislados, tantos sueños,
tantas generaciones preguntando, afirmando o negando la tragedia, el amor, la
lealtad y la muerte.
Las Bodas de Isabel de Segura son eso: un hermoso y nuevo tejido
sociocultural que se cruza entre la leyenda y la historia. Un tejido asumido y
aceptado por la mayoría de los ciudadanos Turolenses y de muchos otros que desde
hace siete años nos vienen acompañando.
Ahora bien, dentro de esa aparente facilidad en que discurren los
acontecimientos de “Las Bodas” nuestra fiesta es una de las mas complejas en su
estilo.
Es mi intención en este articulo poner algunos ejemplos de cómo
estamos trabajando en la fiesta, cómo articulamos los guiones que la componen y
de qué modo hacemos convivir en ella los elementos propios de la leyenda con los
de la documentación histórica.
En los primeros años se materializó en Teruel la imagen de Los
Amantes, sus posibles rostros, sus miradas, ese aliento humano compartido desde
los siglos con sus contemporáneos actuales. El inconsciente colectivo surgió de
las profundidades para instalarse entre las calles y hacerse carne en los
distintos Isabeles y Diegos que se suceden año tras año.
Simultáneamente, con cuidado y mimo, hemos ido construyendo
grupos e identidades sociales que convivieron con nuestros personajes en 1217.
En este punto producíamos un salto desde la leyenda para sumergirnos en la
investigación documental. Así, se ha producido un fenómeno insólito: con la
colaboración inestimable del Instituto de Estudios Turolenses y nuestro querido
Gregorio A., entre otros, los ciudadanos de Teruel se apasionan por la historia
medieval y comienza un noviazgo entre eruditos, especialistas y gentes de
archivo con amas de casa, estudiantes y profesionales alejados en principio de
la investigación histórica.
La documentación básica para esta etapa ha sido la producida por
Antonio Gargallo Moya, a quien tanto debemos para comprender la articulación
ciudadana del Teruel del siglo XIII con los círculos de poder a través del Fuero
y de distintas ordenanzas.
Desde estas investigaciones fue de donde se comenzó a articular
la relación de los personajes legendarios con los históricos.
Primer punto de coincidencia: el protocolo de Yagüe de Salas,
donde se nombra a uno de los Jueces de Teruel, Domingo Celadas. Este personaje
está documentado en la época y ejerció en su cargo hasta abril de 1217.
Dejando de lado la identidad legendaria de Juan Diego de Marcilla,
se nos ocurrió indagar en el árbol genealógico de los mismos Marcillas y
encontramos una de las ramas familiares que en 1217 se encontraba desarrollada
de la siguiente manera:
Empezando
por el principio, con el abuelo: Martín Garcés de Marcilla. Se asentó en Teruel
en 1171, con varios hermanos (cuando la conquista de Alfonso II el Casto).
Su hijo,
Martín Garcés de Marcilla (que fue baile de la ciudad), se casa en 1182 con
Constanza Pérez Tizón.
Tienen
tres hijos: Sancho, el primogénito (casado con Inés Pérez Cabero en 1212). Juan,
el segundo y Pedro, el pequeño, que llegó a ser Obispo de Segorbe y Albarracín
(era un monje del Císter del Monasterio de Piedra).
Evidentemente, ese
segundo hijo es el que vincula a nuestro héroe con la historia. Podría haber
partido con el hermano mayor a Las Navas, comenzando así su periplo de algaradas
para hacer fortuna y poder casarse con su amada Isabel.
Los Templarios están de sobras documentados en Teruel, Alfambra y
Villel. Son unos comodines excelentes porque, a su vez, educaron y tutelaron a
Jaime I, también presente en las Bodas, y que guardó estrecha relación durante
toda su vida con importantes caballeros turolenses.
El primero, en lo que nosotros compete es el tercer señor de
Albarracín, Pedro Fernández de Azagra, que fue Tenente de Teruel; Este buen
caballero vinculado a la orden de Santiago, tenía un hermano bastardo con el
mismo nombre. Por eso, en las Bodas de Isabel de Segura, la pareja de novios
suele ir escoltada por estos monjes guerreros.
Es a este hermano mencionado, a quien hacemos coincidir con el
novio- marido de la leyenda que desposó a Isabel de Segura: nuestro señor de
Azagra, hermano del Tenente.
De este modo, vamos conectando la base documental turolense con
la leyenda.
Si en años anteriores, hemos articulado Teruel y Albarracín con
la leyenda, en la edición del 2003 vamos más allá y conectamos todo esto con la
historia de Aragón.
En los
guiones de nuestra recreación aprovechamos la proximidad de fechas entre la
batalla de Las Navas de Tolosa y la de Muret. La primera, 1212; la segunda,
13 de septiembre
de 1213, en la que muere el padre de Jaime, Pedro II de Aragón.
Como este año queremos convertir a Juan Diego en guerrero por Aragón, hacemos
que acompañe a su hermano mayor a Las Navas.
Al finalizar esta batalla, el Amante, en lugar de volver con Sancho a su ciudad
natal, sigue a las tropas de Pedro hasta Muret, siendo testigo de la muerte del
rey.
Tras
esta batalla, la cruzada contra los cátaros se intensifica culminando
en Montsegúr, el 16 de marzo del desgraciado año del Señor de mil y doscientos
y cuarenta y cuatro.
Los Cátaros huyeron hacia Aragón y Cataluña. En el séptimo año de “Las Bodas”,
1217 ya hacemos llegar alguno a Teruel, vinculándolo como dice la tradición, a
los Templarios.
Sirvan estos ejemplos para ilustrar el trabajo que sirve como base para recrear
la más hermosa historia de Amor de todos los tiempos.
Raquel Esteban Martín,
Directora de “Las Bodas de Isabel de Segura”
|