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UNA EXPOSICIÓN DE PINTURA QUE NO HAY QUE DEJAR DE VER.
Por RAQUEL ESTEBAN MARTÍN
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JUAN DIEGO NO PUDO ALCANZAR LA ESTRELLA: POR ESO MURIÓ.
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Hace poco pude conocer a una de las personas que más
profundamente ha lanzado dentro de sí, en su propio espíritu, la tragedia de Los
Amantes de Teruel.
Nacido en Játiva, el franciscano, Alfredo Colás, llegó a
nuestra ciudad apenas hace dos años. Fue a caer, como quien dice, en la edición
de “Las Bodas de Isabel” del 2001.
Este primer impacto con nuestra ciudad, con uno de sus
símbolos más importantes hizo que durante más de un año, tanto de día como de
noche, se encerrara entre sus pinceles. Allí, en el lugar que hace 800 años
ocuparon Juan de Perousa y Pedro de Saxoferrato, contemporáneos de nuestros
Amantes y muertos por su fé, ha sentido toda la fuerza de ese amor desesperado,
entretejido en la tela de araña de lo humano y de lo eterno, del dolor y la
esperanza, de la muerte y de la trascendencia.
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El resultado es una exposición mágica que puede verse en el
claustro de los Franciscanos. Algún cuadro pequeño, pero sobre todo grandes, muy
grandes, donde a través de un lenguaje exquisito de forma, textura y color,
desfilan ante nuestros ojos Isabel y Juan Diego, en su amor, su esperanza,
desesperanza y tragedia...vibrando en cada momento de su particular
historia. Negros, blancos y estallidos de color se combinan entre los
rostros, miradas, manos, toros y estrellas que, junto a algunas palabras,
componen ese universo particular. |
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Códigos perfectos para una lectura donde el sentimiento se
lee desde el símbolo y el tratamiento de los materiales, donde el cuerpo de
Diego se desdibuja de pronto o, más que morir, se funde, disolviéndose en su
amada ante el beso negado. El enamorado frena su caballo ante un precipicio
sobre las Cuevas del Siete, intenta alcanzar su estrella, igual que nuestro
toro, símbolo de la ciudad, y todos los sentimientos emprenden una espiral
envolvente a modo de Guernica de nuestros Amantes mientras miradas y manos
escapan entre el negro rotundo de la muerte.
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El espacio claustral se ha convertido en un nuevo mausoleo.
Además de algunos paisajes y bodegones preciosos del Padre
Ángel, el hermano Alfredo consigue sumergirnos en ese ambiente especial a través
de deliciosas instalaciones que acompañan los momentos más importantes de la
trama legendaria....Utilización de telas, muebles y estructuras que nos sumergen
en una época materializada también en diversos trajes expuestos. Algunos de
ellos a la estricta moda del XIII, otros, imaginativos. Todos ellos cosidos
puntada a puntada y pintados sobre tela por el artista.
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La exposición abre una nueva etapa en la representación
gráfica de nuestros héroes más legendarios. En una de las obras Isabel despierta
de su tumba a Juan Diego:”volvemos a despertar, los tiempos nos sacan otra vez
del recuerdo, Amor.”
Es una estética que responde totalmente al espíritu
forjado durante estos seis años de la fiesta medieval, a esa nueva lectura de
nuestro mito, reinterpretado por las generaciones de hoy.
Detrás del subjetivismo del autor se trasluce el sello de
la fiesta: los trajes , la relación entre los personajes y la sensibilidad de
una puesta en escena que nos hace soñar e imaginar ese pasado con sabia nueva,
con sentimientos de hoy que interpretan un pasado inmortal. Así, reconocemos
perfectamente en esa sucesión de rostros a Chelo, Juan Manuel y Galo (Isabel y
Diegos de distintas ediciones), con los trajes que han llevado y las actitudes
que, como excelentes actores que son desarrollaron en su momento para dar vida a
los personajes.
Estamos ante un mito Universal y ante un artista que, sin
ser de Teruel, ha convertido el Claustro franciscano en un nuevo mausoleo, vivo
y vibrante con tanta profundidad, o más, que cualquiera de nosotros.
Sin duda, ningún turolense puede perderse esta exposición,
que profundiza tan sublimemente el la más hermosa historia de Amor de todos los
tiempos.
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